12 nov 2015

Despertemos al diplodocus

El diplodocus es la educación. O más concretamente el sistema educativo español. Desde hace unas semanas sale en las noticias. Mucho menos que del separatismo catalán, pero aun así se está hablando de Educación en España, lo que constituye una novedad esperanzadora. Lo ha conseguido José Antonio Marina, filósofo toledano que le escribió una carta muy dura al nuevo ministro de Educación instándole a que reaccionara para corregir los desmanes de su antecesor, el aborrecido Wert. La desconcertante respuesta de Íñigo Méndez fue encargarle a Marina que elaborara un libro blanco de la Educación en España. Un libro blanco es una guía neutral para entender un problema. El encargo implica reconocer que la educación española es un problema. José Antonio Marina lleva décadas investigando la inteligencia y la educación; dirige una universidad de padres; ha sido catedrático de instituto hasta que se jubiló; es uno de los ensayistas más laureados de España. En resumen, es uno de nuestros mejores especialistas en Educación. No tengo muy claro por qué, pero no cae simpático entre sus colegas filósofos. El ministro tampoco le ha hecho un favor porque en España cualquier encargo que proceda directamente de un partido te encasilla sin remedio. Encima se ha divulgado que propone evaluar a los profesores y pagarles en función de los resultados, y tiene encalabrinado al colectivo. Tras leer su último libro, creo más bien que defiende que hay que evaluarlo todo para corregir lo que falla y darle alicientes al docente. Afirma en este libro que podemos mejorar la Educación española de forma significativa en cinco años. Lo ha llamado Despertad al diplodocus. Propone una conspiración en la que participemos todos, desde las escuelas al Estado, pasando por las familias, las ciudades y las empresas. Con pequeños pasos de cada cuál en su ámbito. No menciona cómo superar la falta de diálogo entre los partidos y cómo vencer la hegemonía de la Iglesia Católica. Pero está claro que tomar conciencia de que hay un problema y querer cambiarlo son dos pasos fundamentales. Lo peliagudo es cómo lo hacemos. Pero me apunto a soplarle en la oreja al diplodocus.


5 nov 2015

La malsana obsesión con los sondeos

Lavarse las manos continuamente o comprobar una y otra vez que cerramos la puerta con llave. Y en vez de estar en lo que estamos, estar con la mente en otro sitio preguntándonos si hemos apagado la cocina.

31 oct 2015

Mantenerse hasta que cambie el paradigma

La noticia de que la Organización Mundial de la Salud recomienda no comer carnes rojas ni procesadas me pilló comiendo un bocadillo de jamón. Tras sopesarlo unos segundos, seguí masticando hasta terminármelo del todo y chuparme los dedos.

22 oct 2015

Decide el censor lo que es libertad de expresión

El Colectivo Puentemadera lo forman Javier Sánchez,
Enrique Cerro, Elías Rovira y Esteban Ortiz
La pasada semana el alcalde socialista de Chinchilla suprimió el programa que el Colectivo Puentemadera venía realizando en la emisora municipal. Llamó a uno de los responsables y le explicó que había recibido presiones de Ciudadanos, porque no les gustaba lo que decían de ellos, y tenía que cerrarlo.

16 oct 2015

Maniobras en la oscuridad

La primera de las armas, la más antigua y poderosa, es la mentira. Que el enemigo no sepa lo que pasa o crea que pasa otra cosa. Me pregunto si en unas maniobras militares como las que se están desarrollando en Chinchilla, además de conjuntar criterios y probar tácticas, técnicas y novedades armamentísticas, los aliados afinarán también el modo de desinformar al enemigo.

8 oct 2015

Basta ya de palabras, un gesto

Transcurridos cien días de la marcha de Cospedal de Castilla-La Mancha, en Educación parece que no se ha ido. Se restituyeron unas escuelas rurales, pocas. Hubo lío en la adjudicación de los interinos, que podía achacarse a que los nuevos acababan de llegar. Pero ahora han pasado cien días y no caben excusas.

2 oct 2015

El fútbol de los recreos

Asisto una vez más en el recreo al espectáculo por excelencia, el de un número indeterminado de chiquillos que se disputan un objeto pardo, y lo persiguen en bandadas por el patio del instituto. Casi no caben, pero eso no parece hacer mella en su entusiasmo. El número varía. Son muchos los que están atentos a las evoluciones del juego, participando con plena atención, aunque transcurra en la otra punta durante la mayor parte del tiempo y apenas lleguen a contactar con el ansiado móvil dos veces o ninguna en todo el recreo. Como si el hecho de mantener su posición fuera estratégicamente importante.